Introito

Estoy convencida de que el vino, y por extensión cualquier bebida alcohólica, tomado en su justa medida, es capaz de abrir ventanas en la mente a través de las cuales, de vez en cuando, se cuela como un relámpago de sabiduría una idea, un pensamiento o una inspiración. ¿Quién no ha sido bendecido con una gran revelación un sábado por la noche sentado en la barra de algún bar?
Pero como no pretendo hacer apología del alcoholismo, cuyas consecuencias son sobradamente conocidas por todos, os emplazo a que hagais partícipes al resto de los mortales de todos aquellos retazos de sabiduría que, en un momento de suma claridad espiritual no necesariamente alcoholizada, os ha hecho deteneros unos segundos (o unas horas) a pensar.
Este espacio solo pretende ser un lugar donde poder compartir ideas y opiniones, y debatirlas, con el único propósito de llegar a ser, si es posible, un poquito más sabios.

12 de julio de 2012

Ockham y su navaja

Empiezo a barruntarme que, tal vez, los tan traídos y llevados Mayas no andaban del todo desencaminados. Su calendario ha dado lugar a múltiples interpretaciones, algunas no del todo científicas (no quiero ofender a nadie), pero la que se ha puesto más de moda ya la conocemos todos.
Es probable que nadie sepa interpretar adecuadamente el calendario, ni siquiera los descendientes más directos de aquella civilización, así que, como casi siempre, los arqueólogos y científicos se dedican a ir dando palos de ciego mientras los... iluminados van aterrorizando (o al menos intentándolo) a sus congéneres con una hecatombe a nivel mundial que nos borrará de la faz del universo de un plumazo. Muy bonito...
No voy a negar que, dado el comportamiento del ser humano para con el resto del planeta y de sus semejantes, la posibilidad de la extinción total deja un cierto regusto a justicia poética. Pero como miembro de pleno derecho de mi especie, y a pesar de ser indirectamente corresponsable de cualquier atropello o atrocidad perpetrado por la misma, no puedo evitar pensar que tal vez esa idea concreta de justicia, no sea tan deseable como pueda parecer. Puro instinto de supervivencia de la especie, supongo. Ah... la madre tierra cometió un grave error de cálculo al permitirnos evolucionar... A lo hecho, pecho, mi querida Gea...
Pero volvamos al tema principal de mi disertación (jajajaja, cómo me gusta darme ínfulas...), los Mayas y su calendario. Viendo cómo se encuentra actualemente el panorama mundial, y más concretamente el español, que es el que me toca más de cerca, comienzo a preguntarme si, en realidad, estamos asistiendo no a un fin del mundo, si no a un fin de ciclo. De todos es sabido que las grandes y pequeñas civilizaciones, a lo largo de la historia, han sufrido lo que yo denomino una curva evolutiva (aunque ahora mismo acabo de descubrir que el término se utiliza en navegación, qué maravilloso es internet...). Es decir, que surgieron, fueron adquiriendo poder y desarrollando su cultura, llegaron al cenit de su potencial y, a partir de ahí, comenzaron un lento declive hasta acabar hundiéndose, en su mayoría, en el olvido. 
Desde mi punto de vista, los acontecimientos que se están desarrollando a día de hoy pueden ser el preludio de nuestra decadencia como civilización. Quizás solo tengamos hasta final de año para intentar hacer las cosas de otro modo y evitar el desastre, o puede que ya no sea posible. No sé qué puede llegar a significar ese calendario, si es que tiene algún significado a parte del obvio, que es contar días, y tampoco sé por qué esa cuenta termina en una fecha tan concreta. Aunque siendo un poco pragmática, se me ocurre que tal vez, la explicación sea que el pobre hombre que se dedicaba a crear el calendario, murió antes de poder acabar su obra.
Como muy bien dijo nuestro querido amigo Ockham: "cuando dos teorías en igualdad de condiciones tienen las mismas consecuencias, la teoría más simple tiene más probabilidades de ser correcta que la compleja".

3 de julio de 2012

Pan y circo

Me gustaría dejar constancia de la ira, sí, ira, porque ya he agotado mi cuota de indignación, que me provoca ver cómo mi comunidad autónoma se quema sin remedio por la ineptitud de una clase política corrupta, compuesta por gentuza egoísta y desalmada que solo piensa en sí misma y en su propio provecho, sin importarle un ápice, no ya lo que le ocurra a la gente por la que se supone que debería trabajar, si no a sus propios hijos, a sus propios nietos, porque ellos también tendrán que vivir en la mierda de mundo que están creando con nuestra connivencia. 
No comprendo qué ocurre en este país, qué clase de mal endémico nos asola para que no haya habido ni un solo dirigente, ni uno solo, que haya trabajado por y para el bien del pueblo. En este país maldito en el que el deporte rey no es el fútbol como se pueda pensar, si no la llamada "picaresca" de la que tan orgullosos nos sentimos, y que dictamina que el que no se aprovecha de los demás, o les engaña, o les roba, es tonto. En este país de analfabetos intelectuales, dominados por la envidia, perfectamente encajados en el papel de nuevos ricos, usureros y soplagaitas, en el que no se es feliz hasta que no se le ha puesto la zancadilla al vecino, no se vaya a creer ese idiota que va a ser más que yo.
Este estúpido país repleto de (como decía cierto filósofo hace poco) mangantes y amigantes, de ineptos, de desalmados, de arrogantes delicuentes que no solo te roban si no que te dicen que es por tu bien, que se llenan los bolsillos con nuestro dinero, que lo despilfarran a manos llenas en construcciones faraonicas que solo sirven para que las plantas crezcan entre las baldosas (y por supuesto para que ellos y su camarilla se lleven un buen pellizco del pastel), y que cuando lo único que queda en las arcas del erario público es el eco de sus risotadas, nos dicen que la culpa es nuestra porque hemos estado viviendo por encima de nuestras posibilidades. Que la culpa es nuestra...
Y tienen razón. La culpa es nuestra. Y la culpa es nuestra porque como dice el dicho: La primera vez que me engañes, será culpa tuya, la segunda, será culpa mía. Porque en definitiva somos un país de borregos, de chiste. Somos el sueño trasnochado de cualquier tirano, de cualquier cacique con dos dedos de frente que sepa ver que en este país la máxima del "pan y circo" todavía es válida. Es tan simple... 
¿Y cuál es el problema? Pues el problema es que esta panda de tarados que han venido rigiendo los destinos de este pobre y triste país, no tiene ni siquiera medio dedo de frente, y se han creído que a la susodicha máxima le sobra el pan, así que afanosos, han comenzado a afanarnos el pan con mucho afán. Pero me temo que están apretando demasiado las tuercas y que se aproximan peligrosamente al punto de no retorno, porque el hombre que no tiene nada, nada tiene que perder, y la desesperación comete actos desesperados. Y hasta la chispa más débil, aplicada al árbol correcto, es capaz de desatar todos los infiernos. 



6 de marzo de 2012

Analepsis

Un día como otro cualquiera, realizando una tarea tan prosaica como la de barrer el suelo, agarrada al palo de la escoba me asaltó la certeza de que yo debería ser más alta. No se trataba del deseo de serlo, si no de una extraña sensación de que en algún momento el suelo estuvo más alejado de mis ojos de lo que lo estaba en ese instante. Por supuesto que eso era absurdo. ¿Pero y si se tratara de un déjà vu de una vida anterior?. Nah, nah, nah... Ya estás desvariando... Pero como me gusta ver hacia dónde me llevan los desvaríos, voy a dejarme arrastrar... 
Si partimos de la base de que tenemos alma, y que ésta es la energía que nos mueve mientras vivimos, no resultaría tan absurdo creer que al morir, esta energía se desprende del cuerpo inerte. Según la Ley de la conservación de la energía, conocida por todos aunque no sepamos cómo se llama, la energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma. Por lo tanto si el alma es energía que fluye por nuestro cuerpo mientras vivimos, y que al morir se libera, ya que no puede ser destruida, se transforma. ¿Pero en qué se transforma? ¿En energía calorífica...? ¿En energía cinética...? ¿Y si a base de ir transformándose una y otra vez, de vez en cuando vuelve a alentar a otro ser? ¿Una mosca tal vez? ¿O un perro? Y si el alma es energía que ha tomado conciencia de sí misma, ¿no sería posible que tuviera la capacidad de almacenar recuerdos? 
Quien sabe... Tal vez algunos de esos locos que creen ser Napoleón o Enrique VIII en realidad no estén tan locos después de todo...

(Nota mental: Y ahora alguien pensará que tal vez la loca soy yo...)

27 de febrero de 2012

¿Castigo divino?

A lo largo de mi vida, en varias ocasiones, he tenido la sensación de que había olvidado las cosas. De que, en algún momento, las respuestas se perdieron y solo quedaron un montón de preguntas demasiado complejas. Como individuos pertenecientes a una especie concreta, guardamos una memoria genética que nos dice, por ejemplo, que no debemos acercarnos a una llama porque nos quemaremos, y que se basa en las experiencias vividas por otros miembros de la especie a lo largo de los siglos. Pero yo quiero ir más allá. Platón afirmó que aprender es recordar, es decir, que al aprender algo solo estamos recordando lo que ya sabíamos. ¿Entonces, qué pasó? ¿Cuándo perdió el ser humano la memoria? ¿Y por qué?.
Tal vez el propio nacimiento resulta tan traumático que nuestro cerebro no es capaz de enfrentarse a ello y sufrimos de amnesia retrógrada, con lo que cualquier conocimiento anterior al mismo se pierde para siempre. Puede que en el camino evolutivo de nuestra especie, en algún momento tomáramos la dirección equivocada y fueramos perdiendo las conexiones con lo que nos rodea, y con ello el conocimiento. O quizá lo que ocurrió es que el castigo por comer del árbol del conocimiento, fue un lavado de cerebro...

20 de febrero de 2012

Mente sobre materia

Hace años, mucho antes de que supiera de la existencia de la física cuántica y sin tener mucha idea de corrientes filosóficas o religiosas, una idea se formó en mi cabeza: ¿Y si los objetos no existieran hasta que alguien les pusiera nombre? Partiendo de esta premisa, los objetos tomarían forma en el momento en que alguien (llamémosle inventor) los nombrara.
Ese pensamiento me llevó a plantearme que tal vez, el mundo físico no fuera más que el reflejo de nuestras ideas. ¿Es posible que nuestras mentes moldeen la materia? ¿Somos nosotros los creadores del universo o solo una pequeña partícula de él? ¿Podría ocurrir que, dado que somos nosotros quienes damos forma a la materia, cada persona vea de una manera diferente un mismo objeto? ¿O, como dicen algunos, formamos parte de una conciencia universal, y por lo tanto actuaríamos como un mismo ser?