Introito

Estoy convencida de que el vino, y por extensión cualquier bebida alcohólica, tomado en su justa medida, es capaz de abrir ventanas en la mente a través de las cuales, de vez en cuando, se cuela como un relámpago de sabiduría una idea, un pensamiento o una inspiración. ¿Quién no ha sido bendecido con una gran revelación un sábado por la noche sentado en la barra de algún bar?
Pero como no pretendo hacer apología del alcoholismo, cuyas consecuencias son sobradamente conocidas por todos, os emplazo a que hagais partícipes al resto de los mortales de todos aquellos retazos de sabiduría que, en un momento de suma claridad espiritual no necesariamente alcoholizada, os ha hecho deteneros unos segundos (o unas horas) a pensar.
Este espacio solo pretende ser un lugar donde poder compartir ideas y opiniones, y debatirlas, con el único propósito de llegar a ser, si es posible, un poquito más sabios.

3 de julio de 2012

Pan y circo

Me gustaría dejar constancia de la ira, sí, ira, porque ya he agotado mi cuota de indignación, que me provoca ver cómo mi comunidad autónoma se quema sin remedio por la ineptitud de una clase política corrupta, compuesta por gentuza egoísta y desalmada que solo piensa en sí misma y en su propio provecho, sin importarle un ápice, no ya lo que le ocurra a la gente por la que se supone que debería trabajar, si no a sus propios hijos, a sus propios nietos, porque ellos también tendrán que vivir en la mierda de mundo que están creando con nuestra connivencia. 
No comprendo qué ocurre en este país, qué clase de mal endémico nos asola para que no haya habido ni un solo dirigente, ni uno solo, que haya trabajado por y para el bien del pueblo. En este país maldito en el que el deporte rey no es el fútbol como se pueda pensar, si no la llamada "picaresca" de la que tan orgullosos nos sentimos, y que dictamina que el que no se aprovecha de los demás, o les engaña, o les roba, es tonto. En este país de analfabetos intelectuales, dominados por la envidia, perfectamente encajados en el papel de nuevos ricos, usureros y soplagaitas, en el que no se es feliz hasta que no se le ha puesto la zancadilla al vecino, no se vaya a creer ese idiota que va a ser más que yo.
Este estúpido país repleto de (como decía cierto filósofo hace poco) mangantes y amigantes, de ineptos, de desalmados, de arrogantes delicuentes que no solo te roban si no que te dicen que es por tu bien, que se llenan los bolsillos con nuestro dinero, que lo despilfarran a manos llenas en construcciones faraonicas que solo sirven para que las plantas crezcan entre las baldosas (y por supuesto para que ellos y su camarilla se lleven un buen pellizco del pastel), y que cuando lo único que queda en las arcas del erario público es el eco de sus risotadas, nos dicen que la culpa es nuestra porque hemos estado viviendo por encima de nuestras posibilidades. Que la culpa es nuestra...
Y tienen razón. La culpa es nuestra. Y la culpa es nuestra porque como dice el dicho: La primera vez que me engañes, será culpa tuya, la segunda, será culpa mía. Porque en definitiva somos un país de borregos, de chiste. Somos el sueño trasnochado de cualquier tirano, de cualquier cacique con dos dedos de frente que sepa ver que en este país la máxima del "pan y circo" todavía es válida. Es tan simple... 
¿Y cuál es el problema? Pues el problema es que esta panda de tarados que han venido rigiendo los destinos de este pobre y triste país, no tiene ni siquiera medio dedo de frente, y se han creído que a la susodicha máxima le sobra el pan, así que afanosos, han comenzado a afanarnos el pan con mucho afán. Pero me temo que están apretando demasiado las tuercas y que se aproximan peligrosamente al punto de no retorno, porque el hombre que no tiene nada, nada tiene que perder, y la desesperación comete actos desesperados. Y hasta la chispa más débil, aplicada al árbol correcto, es capaz de desatar todos los infiernos. 



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