Introito

Estoy convencida de que el vino, y por extensión cualquier bebida alcohólica, tomado en su justa medida, es capaz de abrir ventanas en la mente a través de las cuales, de vez en cuando, se cuela como un relámpago de sabiduría una idea, un pensamiento o una inspiración. ¿Quién no ha sido bendecido con una gran revelación un sábado por la noche sentado en la barra de algún bar?
Pero como no pretendo hacer apología del alcoholismo, cuyas consecuencias son sobradamente conocidas por todos, os emplazo a que hagais partícipes al resto de los mortales de todos aquellos retazos de sabiduría que, en un momento de suma claridad espiritual no necesariamente alcoholizada, os ha hecho deteneros unos segundos (o unas horas) a pensar.
Este espacio solo pretende ser un lugar donde poder compartir ideas y opiniones, y debatirlas, con el único propósito de llegar a ser, si es posible, un poquito más sabios.

27 de febrero de 2012

¿Castigo divino?

A lo largo de mi vida, en varias ocasiones, he tenido la sensación de que había olvidado las cosas. De que, en algún momento, las respuestas se perdieron y solo quedaron un montón de preguntas demasiado complejas. Como individuos pertenecientes a una especie concreta, guardamos una memoria genética que nos dice, por ejemplo, que no debemos acercarnos a una llama porque nos quemaremos, y que se basa en las experiencias vividas por otros miembros de la especie a lo largo de los siglos. Pero yo quiero ir más allá. Platón afirmó que aprender es recordar, es decir, que al aprender algo solo estamos recordando lo que ya sabíamos. ¿Entonces, qué pasó? ¿Cuándo perdió el ser humano la memoria? ¿Y por qué?.
Tal vez el propio nacimiento resulta tan traumático que nuestro cerebro no es capaz de enfrentarse a ello y sufrimos de amnesia retrógrada, con lo que cualquier conocimiento anterior al mismo se pierde para siempre. Puede que en el camino evolutivo de nuestra especie, en algún momento tomáramos la dirección equivocada y fueramos perdiendo las conexiones con lo que nos rodea, y con ello el conocimiento. O quizá lo que ocurrió es que el castigo por comer del árbol del conocimiento, fue un lavado de cerebro...

20 de febrero de 2012

Mente sobre materia

Hace años, mucho antes de que supiera de la existencia de la física cuántica y sin tener mucha idea de corrientes filosóficas o religiosas, una idea se formó en mi cabeza: ¿Y si los objetos no existieran hasta que alguien les pusiera nombre? Partiendo de esta premisa, los objetos tomarían forma en el momento en que alguien (llamémosle inventor) los nombrara.
Ese pensamiento me llevó a plantearme que tal vez, el mundo físico no fuera más que el reflejo de nuestras ideas. ¿Es posible que nuestras mentes moldeen la materia? ¿Somos nosotros los creadores del universo o solo una pequeña partícula de él? ¿Podría ocurrir que, dado que somos nosotros quienes damos forma a la materia, cada persona vea de una manera diferente un mismo objeto? ¿O, como dicen algunos, formamos parte de una conciencia universal, y por lo tanto actuaríamos como un mismo ser?