Empiezo a barruntarme que, tal vez, los tan traídos y llevados Mayas no andaban del todo desencaminados. Su calendario ha dado lugar a múltiples interpretaciones, algunas no del todo científicas (no quiero ofender a nadie), pero la que se ha puesto más de moda ya la conocemos todos.
Es probable que nadie sepa interpretar adecuadamente el calendario, ni siquiera los descendientes más directos de aquella civilización, así que, como casi siempre, los arqueólogos y científicos se dedican a ir dando palos de ciego mientras los... iluminados van aterrorizando (o al menos intentándolo) a sus congéneres con una hecatombe a nivel mundial que nos borrará de la faz del universo de un plumazo. Muy bonito...
No voy a negar que, dado el comportamiento del ser humano para con el resto del planeta y de sus semejantes, la posibilidad de la extinción total deja un cierto regusto a justicia poética. Pero como miembro de pleno derecho de mi especie, y a pesar de ser indirectamente corresponsable de cualquier atropello o atrocidad perpetrado por la misma, no puedo evitar pensar que tal vez esa idea concreta de justicia, no sea tan deseable como pueda parecer. Puro instinto de supervivencia de la especie, supongo. Ah... la madre tierra cometió un grave error de cálculo al permitirnos evolucionar... A lo hecho, pecho, mi querida Gea...
Pero volvamos al tema principal de mi disertación (jajajaja, cómo me gusta darme ínfulas...), los Mayas y su calendario. Viendo cómo se encuentra actualemente el panorama mundial, y más concretamente el español, que es el que me toca más de cerca, comienzo a preguntarme si, en realidad, estamos asistiendo no a un fin del mundo, si no a un fin de ciclo. De todos es sabido que las grandes y pequeñas civilizaciones, a lo largo de la historia, han sufrido lo que yo denomino una curva evolutiva (aunque ahora mismo acabo de descubrir que el término se utiliza en navegación, qué maravilloso es internet...). Es decir, que surgieron, fueron adquiriendo poder y desarrollando su cultura, llegaron al cenit de su potencial y, a partir de ahí, comenzaron un lento declive hasta acabar hundiéndose, en su mayoría, en el olvido.
Desde mi punto de vista, los acontecimientos que se están desarrollando a día de hoy pueden ser el preludio de nuestra decadencia como civilización. Quizás solo tengamos hasta final de año para intentar hacer las cosas de otro modo y evitar el desastre, o puede que ya no sea posible. No sé qué puede llegar a significar ese calendario, si es que tiene algún significado a parte del obvio, que es contar días, y tampoco sé por qué esa cuenta termina en una fecha tan concreta. Aunque siendo un poco pragmática, se me ocurre que tal vez, la explicación sea que el pobre hombre que se dedicaba a crear el calendario, murió antes de poder acabar su obra.
Como muy bien dijo nuestro querido amigo Ockham: "cuando dos teorías en igualdad de condiciones tienen las mismas
consecuencias, la teoría más simple tiene más probabilidades de ser
correcta que la compleja".
